Cuerpo|Medio|Poder

“Recuerdo mirar mapas y pensar en cómo esos dibujos de montes, ríos y accidentes geográficos, más allá de la quietud que se les impone, representan elementos vivos y en constante cambio. La cuadrícula compuesta por las líneas de longitud y de latitud son precisamente eso, un plano que supedita a las personas a un lugar fijo del cual es difícil moverse”, responde el artista bogotano Felipe Bonilla cuando, en una entrevista, le preguntan por la fascinación que tiene por la representación del territorio. Una atracción que, desde hace cinco años, lo ha llevado a alejarse de Bogotá, capital, centro cultural y de poder de su país, para adentrarse en zonas rurales y ciudades intermedias tanto en Colombia como en México, Uruguay y recientemente, en Venezuela. Vale destacar que esta serie de experiencias de observación, análisis y socialización entorno a los viajes, han estado mediadas principalmente por el dibujo en su forma más austera y respondiendo a la condición misma de sus desplazamientos. Los resultados son, por un lado, una serie de montañas, de piedras, de volcanes, de nubes, de cielos, de constelaciones, de objetos, y por el otro, un sin número de vínculos profesionales y personales que también son vitales para su proyecto artístico.

En principio, esa descentralización de su práctica suele hacer que se le relacione con los exploradores europeos del siglo XIX que vinieron a clasificar, catalogar y definir nuestro mundo natural por medio de ilustraciones botánicas y dibujos costumbristas. Habría que citar aquí a Humboldt, a Mutis, a Bonpland o a Rugendas, pero no sería más que una reducción romántica e incluso contraria a los verdaderos impulsos que motivan a Bonilla. Su trabajo, si se quiere, podría estar más cercano, en términos de actitud y motivación, a la generación de artistas norteamericanos de finales de los años 60 y principios de los 70, que se volcaron a la intervención monumental del paisaje, rebelándose radicalmente contra el arte como objeto y al sistema comercial de galerías newyorquinas que lo sustentaba. Me refiero aquí a Robert Smithson, Walter de María o Michael Heizer, entre otros, en su intento por desplazar la atención del mundo del arte hacia nuevos territorios y geografías inhóspitas. Aun así, la comparación resulta odiosa e inexacta ya que Felipe nos habla desde otro contexto –países del tercer mundo–, desde otro momento –la contemporaneidad– y a partir de obras mínimas y sutiles que se acercan a la micro-política y al micro paisaje. De hecho, su mirada está volcada hacia problemáticas borrosas y difusas que son difíciles de traducir globalmente por ser endémicas de Latinoamérica.  

Y bien, ese trasegar constante y la búsqueda de realidades profundas en países latinoamericanos tuvieron su última iteración hacia el 2016 cuando Felipe ganó una de las becas de residencia que otorga Idartes (instituto distrital de las artes de Bogotá) como parte de su portafolio anual de estímulos, para viajar a El Avispero, un proyecto de residencia artística ubicada en Cua, Estado de Miranda, a un par de horas en carro, al sur de la ciudad de Caracas. Un lugar de concentración, precisamente alejado de la urbe y su retícula de calles y carreras. Allí, Felipe se embarcaría en un proyecto con unas implicaciones más políticas que románticas, interviniendo una serie de mapas satelitales de Petare, San Agustín y El Paraíso, barrios que conforman parte del cinturón periférico de Caracas y que consiguió en el Instituto Geográfico Simón Bolívar, ya que el acceso a las vistas aéreas de google estaban bloqueadas. En Revés, nombre del proyecto, le interesaba indagar sobre el impacto violento que tiene el urbanismo moderno sobre el territorio y como su desarrollo genera una constante tensión entre ciudad y periferia, entre el orden de lo construido y los accidentes naturales de la geografía, entre el ordenamiento territorial y las necesidades reales de los habitantes, entre muchas otras ideas.

Sin embargo, su experiencia en el vecino país no terminaría ahí ya que, en aras de expandir su interés más allá de la práctica personal, se unió de nuevo a los integrantes de El Avispero, para proponer un intercambio cultural entre ambos países. Se trata de un programa de proyecciones de obras en video, tanto de artistas colombianos como venezolanos, que se presentará en simultáneo en Bogotá (a partir del miércoles 11 de abril, en la Cinemateca Distrital) y en Caracas (a partir del jueves 12 de abril, en el Centro de Arte Los Galpones), bajo el título Cuerpo / Medio / Poder. Este proyecto nace de la preocupación de los organizadores por los constantes procesos de desplazamiento forzado en ambos países, fruto de la inestabilidad política, así como de la negligencia e inoperancia de sus respectivos gobiernos. Aunque la historia de cada nación es larga y compleja como para reducir a un par de frases, es claro que la imagen que tenemos hoy es la de unas sociedades fracturadas, en donde el desplazamiento y la migración en doble vía, interna y externa, denotan la urgencia social del momento. Una coyuntura que, además, está marcada por unas nuevas elecciones presidenciales tanto en Colombia como en Venezuela.   

El proyecto, como mencionaba anteriormente, es una muestra simultánea de videos por parte de 23 artistas venezolanos y 7 colombianos que intentan, de diversas maneras, muchas de ellas metafóricas, acercarnos a problemas de inclusión, de arraigo y desplazamiento, de injusticia política y social, de violencia, de inequidad, de ambición económica, de resistencia, de fronteras y de territorio. Lo hacen usando un lente que no está mediado por los canales de comunicación tradicionales sino por su propia experiencia y usando lenguajes del arte que involucran el performance, la narración documental, la ficción, la animación y los medios digitales, entre otros. En la selección colombiana, que se hizo por invitación directa, se percibe un interés por hablar de la casa como hogar, como estructura y como cuerpo, en diálogo con críticas más ácidas hacia la condición humana, la moralidad o la dificultad de abrirse un camino y progresar en medio de situaciones y condiciones adversas. Dentro del grupo de Venezuela, que fue elegido a través de una convocatoria abierta, hay una clara presencia del cuerpo como contenedor de las realidades que mencionaba. Hay cuerpos que miden el tiempo o que se comparan al tamaño de un barril de petróleo. Hay cuerpos que destruyen y se violentan o que violentan cosas. Hay cuerpos que nos traducen conceptos económicos como la inflación mientras hay otros que se derriten. Hay cuerpos de bronce que se erigen como monumentos para marcarnos el camino histórico y hay cuerpos que nos expulsan aquello que llevan por dentro. Hay cuerpos maleables que conforman un mapa y hay cuerpos invisibles que manejan el dinero. Hay tensiones, muchas tensiones.      

En pocas palabras, Cuerpo / Medio / Poder, representa una unión entre dos actores artísticos que comparten preocupaciones y que, en medio de la intensa ebullición que significa nuestra actual coyuntura, nos muestran otras caras, otras visiones, y un panorama diverso de esta realidad cruzada que, para nuestra desgracia, los gobernantes de turno y los aspirantes al poder, han sabido instrumentalizar a su favor. Como ciudadanos, artistas y seres políticos debemos hacer uso de la reflexión, la resistencia y el análisis, para hacerles frente. Retomando lo que enunciaba Felipe sobre su trabajo, se trata de rebelarse contra las formas de poder impuestas arbitrariamente, como lo son, simbólicamente, la líneas horizontales y verticales que vemos en un mapa.   

 

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