En foco: conversación por chat entre Ana María Montenegro y Daniel Salamanca Núñez

 

DANIEL: ¡Hola Ana! ¿En qué andas?

ANA MARÍA: Noche de domingo. Estaba viendo una conferencia.

D: ¿De qué?

A: Un playlist de TED con conferencias sobre sonido. Hay una en particular que no había visto. De un señor que ve en blanco y negro. Sin colores.

D: ¡Wow! Como en una película vieja. Pero todo el tiempo.

A: Exacto. Claro que el señor debería hablar más de eso y no lo hace. Uno queda con curiosidad. La conferencia en realidad es sobre cómo lo ‘solucionó’.

D: ¿Y cómo fue?

A: Se pone una cámara que lee frecuencias de color y las transforma en sonidos tonales que resuenan en su cráneo. Es como un Cyborg. Y así comienza a distinguir colores.

D: ¡Qué loco! Yo que él hubiera preferido seguir viendo así. Lo hace único. Como tampoco entiendo cuando la gente se opera la nariz y esas cosas.

A: Sí. Eso pensaba yo ahora. Ver todo en blanco y negro me parece casi un superpoder, pero bueno, me imagino que obviamente se debe sentir como una discapacidad al ver que todo el mundo habla de colores. Creo que nuestro afán de ser ‘normales’ le gana a cualquier cosa.

D: Es cierto. Pero bueno… Sé que te interesa la tecnología. ¿Me puedes hablar de eso?

A: Me interesa la tecnología tanto como me desencanta. Por lo general son más las decepciones. Por ejemplo el silencio me interesa muchísimo y ha sido un gran descubrimiento para mí. Pero es imposible encontrarlo. Entre más ‘se busca’ por decirlo de algún modo, más sonidos ‘descubres’, por decirlo de otro modo. En mi trabajo hay un momento que me gusta cuando estoy viendo material que he grabado con la cámara. Por lo general le quito el sonido o le bajo el volumen. Al menos la primera vez que lo veo. Y ahí, en esa imagen, sí hay silencio. Y eso es algo que sólo la tecnología permite. (…) Como las pausas en este chat. Son silencios también. Que no tendríamos si estuviéramos tomándonos un café.

D: Es cierto. Tal vez la tecnología trae silencios más sinceros. Mientras que la realidad puede ser muy ruidosa. ¿Estás escuchando algo en este momento?

A: No. Solo se oye el ruido de la calle, de motos y de carros pasando. Igual la idea de ‘tecnología’ es todo un tema. Tecnología adecuada. Si hablamos de los silencios de este chat tienen más que ver con la tecnología de la escritura que con aquella del computador, de internet, del browser o del protocolo que permite chatear. En ese sentido habría que comenzar por el espacio que hay entre palabra y palabra, que fue, en su momento, toda una revolución tecnológica. Ese lapso cuando las personas comenzaron a leer en silencio. Porque cuando hablamos no hacemos esas pausas que sí hacemos cuando escribimos.

D: Me haces pensar en un trabajo que presentaste en La Vitrina de Lugar a dudas, dentro del proyecto Caja de texto, de Diego García. ¿Tiene algo que ver? ¿Quieres contar algo al respecto?

A: Es cierto. Primero Diego escogió a artistas que trabajaban, o trabajábamos con textos; texto y luz fueron los puntos de partida. El proyecto se mostró en los Andes, también en una vitrina. Y luego hubo una segunda edición en Cali. Yo lo tomé por el lado de los juegos de palabras, las definiciones, los sentidos, etc … Esos son los grandes temas para mí. Mi gran tema. Mi gran Moby Dick, en fin… Y ese trabajo se volvió un problema.

D: ¿Por qué?

A: Quería hablar del silencio de los textos. Eso era lo que me interesaba. Esa voz/no-voz que nos habla al leer en silencio. Entonces me puse a investigar cuál era el promedio de tiempo de ese silencio que uno hace entre palabra y palabra, al leer. Me preguntaba cuánto dura ese espacio. Este: el_espacio.

D: ¿Y cuánto dura?

A: No existe nunca. Al principio me imaginaba poner una luz de esas estroboscópicas o un flash. Que saliera entre palabra y palabra de un texto y que yo leería. Algo casi imperceptible. Entonces cuando estaba formulando el texto lo dije en voz alta: EL ESPACIO QUE HAY ENTRE LA ÚLTIMA LETRA DE LA PALABRA ANTERIOR Y LA PRIMERA LETRA DE LA PALABRA SIGUIENTE.

D: Es como una definición del silencio.

A: Sí. Pero mira que está describiendo un espacio. “EL ESPACIO QUE HAY”.

D: Claro.

A: Para mí fue como encontrar el silencio por fin. Una pequeña y, a la vez, gran cosa, muy emocionante. Así que decidí que era suficiente. Luego pensé en la luz infrarroja porque por lo general esta se usa para develar secretos. Para ver lo escondido. Billetes y manchas … lo que no alcanzamos a ver. Y logré que el texto se viera como una sombra, es decir, blanco sobre blanco en el día, y una sombra de noche.

D: ¡La emoción de los pequeños descubrimientos! Yo justo estuve para el desmontaje y logré verlo en detalle.

A: ¡Claro! ¡Tú llegaste un par de días después!

D: Siento que esto también tiene mucho que ver con algo que es recurrente en tus trabajos audiovisuales, y son los subtítulos, que hacen como de narrador en off.

A: Así es. Es esa misma voz. De alguna forma todos somos narradores en off de nuestras vidas.

D: Totalmente de acuerdo. Yo me la paso relatando todo en mi cabeza. Supongo que te pasa lo mismo.

A: Claro. Y bueno, nosotros estamos muy acostumbrados a leer subtítulos. A leer mientras vemos. Pero nadie lo nota. Nadie se detiene en eso.

D: Tienes toda la razón. De hecho he conocido personas españolas o francesas que les cuesta mucho trabajo leerlos. Porque están acostumbrado a que doblen los diálogos y demás.

A: Claro, lo mismo con los alemanes… No sé muy bien cómo será en China y Japón… en Asia en general. Me parece extraño pensarlo. Porque las palabras de ellos, según tengo entendido, son como imágenes. Ahí deben pasar cosas muy interesantes. Que nunca entenderíamos.

D: Es cierto. No lo había pensado. Qué redundante debe ser eso. Ampliando la reflexión, ya que has pensado en silencio, te has interrogado sobre la no-imagen.

A: También. Recuerdo mucho unos ejercicios que hacía cuando era niña. Me sentaba en la cama, cerraba los ojos y trataba de no pensar en nada. Sentía que eso me daría algún tipo de superpoder o algo así, entonces comenzaba a despejar lo que ‘imaginaba’. Hasta que terminaba todo en una especie de mar/cielo sin profundidad que me daba mucha calma.

D: Siento que tu forma de trabajar es muy reflexiva. No necesariamente conceptual sino mental. De hecho esta conversación lo ilustra bastante bien. Entonces tengo curiosidad de saber qué vas a llevar a arteBA, sección Barrio Joven. Lo digo porque en principio las ferias son un lugar donde priman los objetos y no tanto las ideas. ¿Me cuentas?

A: Bueno, claro… ese es un lío eterno. Me cuesta pensar en esos términos, vendible o no vendible. En general, este es un mundo donde priman los objetos y no tanto las ideas. Así que llevaré objetos que sean ideas. Algo en lo que he pensado hace algunos meses, que he llamado no-dibujos. Estoy trabajando en una nueva serie de esos mismos.

D: ¿Como cuando no había imagen/señal en la tele?

A: Jajaja sí. Efectivamente. Ese es un ruido de color generado de forma digital. Una no-imagen que luego imprimí y arrugué (izquierda). Lo que hay al lado (derecha) es una fotocopia de ese primero, totalmente plano.

D: Si hicieras un tercero en lápiz y tinta, seguramente los venderías. Jajaja. Es un mal chiste.

A: Jajaja. Pues mira que ese par estuvieron en mi taller un par de años y hasta ahora comienzo a entender lo que me interesa de eso. Es que, en general, todos mis procesos son muy lentos, poco ‘materiales’ y un poco imposibles.

D: Me haces pensar en lo que dice Luis Camnitzer de que el mejor arte sería la Telepatía. ¿Te gustaría ser telépata?

A: No, no. Para nada. A mí me gusta darle forma a las cosas. Es ahí que pasa todo. Todos podemos pensar todo. Yo no tengo ninguna verdad de ningún tipo, ni me interesa tenerla. Lo que me interesa es ese momento de dar forma y materializar. Lo que pasa es que hay muchas formas de hacer eso, y eso me ha llevado mucho al video, pero también a pinturas o esculturas. En la mayoría de los casos siento que eso ni siquiera depende de mí. El trabajo lo va exigiendo. Creo que simplemente cada gran tema que me obsesiona, tiende a formalizarse de formas poco pesadas. Paradójicamente, se vuelven cosas temporales y ligeras.

D: Tu gran Moby Dick se convierte en pequeños silencios.

A: Sí. ¿Viste esa obra? ¿En la bienal de profesores de la Javeriana?

D: No : (

A: Está actualmente en Lia Lab en Bogotá. Se llama precisamente ‘Midiendo a Moby Dick’. Es una proyección muy grande de un plano secuencia en loop. Bueno, tienes que verla. Prefiero no contártela.

D: Vale. La veré… Volviendo a la razón de ser de esta conversación. ¿Qué esperas de arteBA? ¿Qué expectativas tienes de mostrar tus obras o proyectos en Buenos Aires?

A: Bueno, pues yo acabo de volver de Buenos Aires. De un gran viaje.

D: Lo sé. También me interesa eso. Y el proyecto que realizaste allá.

A: Sí, es un proyecto grande. Con una tecnología poco adecuada jajaja. Llena de silencio y en la que pude hacer eso que me encanta hacer, que es escribir mientras veo las imágenes y no al revés. Hay una parte del texto en el que digo que siempre se vuelve a Buenos Aires. Palabras más, palabras menos. Como el tango. ¿Lo conoces?

D: Sí.

A: Es bellísimo. Bueno… pues siempre se vuelve a Buenos Aires, de una forma u otra. Para mí es como volver sin volver y eso está muy bien. Del resto tampoco espero mucho más. Yo soy una pesimista, como bien lo sabes.

D: Lo sé. Yo sin embargo creo que poco a poco esas no-imágenes y esos silencios, esas reflexiones inmateriales, pero materiales al fin, también terminan generando una retribución económica. El mercado del arte trae sus sorpresas.

A: Puede ser. Para ser más específicos creo que lo que no me convence es el “mercadeo” del arte. Siempre he pensado lo mismo: un buen trabajo se muestra solo. Además es bastante liberador no tener que pensar en eso.

D: En eso estoy de acuerdo. Uno no debería pensar en eso… Una cosa es hacer arte, otra hacer carrera y otra vender.

A: Sí. Exacto. Por ejemplo estoy muy a favor de la figura del mecenas, del coleccionista comprometido. Pero estoy un poco en contra de lo que yo he llamado ‘el diseño del arte’. Que cada vez pasa más.

D: Esperemos que la experiencia en arteBA sea interesante en ese sentido. Y enriquecedora.

A: Seguro sí. Igual hay algo muy interesante de esto que están haciendo los chicos (LaAgencia) llevándonos allá y que incluso puede sonar medio cursi o incoherente con lo que he dicho, y es que me gusta mucho que los que vamos somos amigos y colegas que compartimos un espacio. A veces hemos estado de acuerdo, muchas otras no. Pero de cierta forma es como trasladar el edificio a otra ciudad.

D: Creo que se disfruta más así. Es algo genuino.

A: Sí. Y también lo veo como el fin de una época.

D: Y el comienzo de otra.

A: Sí. Ya estamos grandes.

D: : )

A: Y está bien. Ser adultos. ¡Por fin! jaja.

D: Qué asustador eso de ser adulto… jajjaja. Bueno Ana. Para no aburrir a los lectores. ¿Te parece si terminamos acá? ¿Quieres decir algo para cerrar?

A: Mmm… que estuvo bueno conocernos siendo niños, y poder tener este tipo de conversaciones ahora. Ya grandes : ). Y que deberíamos hacer esto al revés también. Yo entrevistándote a ti, hablando sobre tu trabajo.

D: ¡Gracias Ana! Cuando quieras.

A: Súper.

D: Cambio y fuera.

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