Sin título (risas nerviosas)

Hay, bien en el fondo de todo ser humano, un modo de reír, particular, que nada tiene que ver con una carcajada espontánea. Al contrario, es un gesto de extrañeza y miedo. Una mueca de pánico y nervio, que advierte una incomodidad repentina.

Situación número uno. Estás en una sala de cine y te sobreactúas diciendo algo ridículo al oído de tu chica. De repente, y sin notarlo, todo enmudece. Los cortos se acabaron de súbito y el teatro entero ha escuchado lo que tenías que decir sobre las hemorroides de "tu amigo". 

Situación número dos. Transcurre la mejor fiesta de tu vida -o al menos eso crees a causa del alcohol-. Bailas como si supieras, entrecierras los ojos, te dejas llevar. La pista y tú, tú y la pista. Después de un minuto, abres los ojos. Te rodea un círculo de jóvenes hipsters a los que no les pareces nada cool. Estabas haciendo los pasos de Elaine en la serie norteamericana Seinfeld.

Situación número tres. Vas al baño de un avión y, de regreso a tu asiento, el aparatoso señor que te acompaña en aquel largo vuelo se ha quedado dormido. Dudas si ‘pokearlo’ o moverlo y, en vez, carraspeas tu garganta estruendosamente para ver si reacciona. Nada. Está desnucado en el camino a tu asiento. Entonces decides cruzar silenciosamente por encima de él, haciendo uso de las técnicas ninja que aprendiste a los 7 años. Cuando justo lo estás logrando, pero sigues a medio camino, despierta. Visto externamente parece que te le estuvieras insinuando eróticamente.

Situación número cuatro. Estás en un concierto de música clásica al que fuiste invitado. Tú de antemano sabes que eso no es lo tuyo, que te cuesta tener sensibilidad para ello y que te vas a aburrir porque siempre te pasa. Pero esta vez le das una oportunidad, te concentras, le buscas el sentido, creas imágenes en tu cabeza. Justo cuando acaba la primera pieza/canción/sinfonía, aplaudes. Así, enérgico, emocionado, histriónico. Nadie más lo hizo y, al contrario, parece que tuvieras un foco de luz proyectado sobre tu cara. Evidentemente tocaba esperar a que se acabara todo el ‘movimiento’ para hacer sonar las palmas en muestra de felicitación.

Entonces imaginen otra nueva situación. Eres artista, pintas cuadros abstractos que te nacen del alma y consideras que te mereces todo el éxito del mundo. Sientes ‘tu arte’ y eso parece ser más que suficiente. Además, vendes continuamente en un mercado poco glamuroso pero rentable. Aún así, y curiosamente, la chica con la que crees estar saliendo, una mujer guapa de aproximadamente 35 años, carismática y seductora, que es la directora de una de las galerías emergentes más trendy del circuito artístico de Nueva York, no te invita a realizar una exposición individual en su espacio. Te parece extraño pero le concedes el beneficio de la duda, y así, no generas presiones innecesarias. Hasta ahí, todo bajo control. Pero llega el día en que están cenando con tu hermano, un músico experimental, el cliché del artista maldito, neurótico y antipático, cuyo acto principal consiste en patear un balde de metal que cuelga de una soga, y éste, cautiva a tu cita con su bizarro trabajo. Tanto así que ella lo invita a participar, junto con un artista conceptual cuyo trabajo se resume en escribir fichas técnicas para objetos minúsculos y cotidianos, en la siguiente gran muestra de la galería. Para colmo, a tu hermano le sabe a mierda el mundo del arte, pero igual, acepta.

Ese es el comienzo y el argumento de la película ‘Untitled’ del director Jonathan Parker (2009), un gesto de humor nervioso que se prolonga intensamente a lo largo de los 96 minutos que dura esta cinta. Una historia sencilla, incluso aburrida y previsible, que sin embargo, pone en escena una serie de situaciones con respecto al mundo del arte que, aunque dan risa, también producen terror. Sobre todo cuando perteneces a este mundo y pretendes tomártelo en serio -aún si estás en Bogotá y no en Nueva York-. Coleccionistas multimillonarios que compran por recomendación del galerista pero no entienden porque tienen ciertas obras que, incluso, espantan a sus visitas. Artistas malditos, vanidosos, egocéntricos y ensimismados que pretenden tener la verdad absoluta, pintores esmerados que no consiguen participar del circuito artístico, asistentes maltratados por la negligencia de su jefe, muertes en vida, mercados secundarios, galerías de centro comercial, groupiessuperficiales y un largo etcétera de situaciones y personajes que construyen esta sátira que aunque da risa, insisto, también produce escalofríos porque poco dista de la vida real.

Y es que da risa ver como un artista, por ejemplo, tarda 50 minutos en llegar a una entrevista radial, recorre media ciudad en bicicleta, y cuando le preguntan sobre su obra, que evidentemente ha construido rigurosamente con esfuerzo e inteligencia (por eso es tan llamativa e interesante) responde que se le da así, sin saber porqué y prefiere no hablar al respecto (Kevin Simón Mancera, en el programa Magazín cultural de Javeriana Estéreo). O leer ciertos artículos de Lucas Ospina (columnista de Arcadia y director del departamento de arte de la Universidad de los Andes) en los que, por curarse en salud, creo yo, al igual que lo hace la película en cuestión, pone en ridículo, y a su vez en jaque, cualquier tipo de obra, personaje, oficio, actitud, etcétera, de tal modo que, si lo van a criticar, ya se auto-saboteó de antemano. Táctica que se aprende en primaria. No hay gesto más inteligente que conocer tus debilidades. Bien lo sabe también alguien como Víctor Albarracín (Artista y profesor) que basa su obra y su quehacer en la inflexión constante de poderosas burlas hacia su físico y su labor, aun si escribe impecablemente y se gana becas para estudiar en el exterior (con todo y los pormenores expresados por él en una carta publicada en esfera pública). De ahí también las nuevas formas pedagógicas, las bandas desafinadas y los gestos conceptuales, políticos y expresivos que construyen todo este entramado de ‘performancias’, incluida la de escribir esto acá, a las que, aunque es difícil ponerles un título, siempre producirán un poco de risa (nerviosa).

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