Nada será como antes...

/ Reportaje 

Hace once años, la ciudad se preparaba para vivir su primera feria internacional de arte, de la mano de la Cámara de Comercio de Bogotá. Se trataba de un evento hasta entonces desconocido en la capital colombiana, que pretendía promocionar y posicionar a Bogotá como un destino para la cultura y los negocios mediante el mercado del arte a través del apoyo a las galerías comerciales. Realizada en octubre, en el Centro Internacional de Negocios y Exposiciones, Corferias, ArtBo no solo se ha mantenido en el tiempo sino que se ha consolidado como un modelo exitoso que es referencia en Latinoamérica desde hace varios años. Dentro de sus objetivos, además de los ya mencionados, estaba convertirse en una plataforma de apoyo al talento artístico nacional y en un catalizador determinante de la escena en Colombia. Las cifras, los comentarios generalizados de sus protagonistas y el hecho de que se hable del mes del arte en el país demuestran que ese objetivo se ha cumplido. Una de las grandes razones: Artecámara, la apuesta sui generis de la feria. 

Los inicios (un recuento)
Con la primera versión de ARTBO, realizada en 2005, se inauguró una de las apuestas más arriesgadas para este tipo de eventos: Artecámara, una exposición o salón de arte, sin fines comerciales, para mostrar propuestas de artistas que recién empezaran su carrera profesional o cuyas obras no tuvieran aún una difusión amplia. Planteado como un espacio paralelo a la sección Principal, este programa, que se extendía a la red de salas de exposición de la Cámara de Comercio, pretendía apoyar el talento joven y darle la posibilidad al espectador de visitar algo diferente a los stands de las galerías. Para los artistas significaba que sus obras serían vistas por un público mucho más extenso del acostumbrado, incluso masivo, y que se acercaría a un mercado del que todavía no hacían parte. Cabe anotar que justo en ese momento las oportunidades de mostrar el trabajo para un artista recién graduado empezaron a multiplicarse, y la Cámara, bajo la dirección de María Fernanda Campo y con Andrea Walker a la cabeza de la feria, se sumó a ese esfuerzo. 

Salones de arte joven como el que organizaba el Museo de Arte Moderno de Bogotá, por ejemplo, promovían una mirada a los estudiantes de las principales facultades del país, designados para el evento por sus profesores. Otras iniciativas le apostaban al reconocimiento a las mejores propuestas con un premio de adquisición, como el Salón de Arte Joven Colsanitas, el Salón de Arte del club El Nogal, el Premio Botero o el Concurso de Artes Plásticas de la Alianza Francesa. En general, dichas muestras, con algún aval institucional, tenían un carácter conservador, en el que primaban piezas tradicionales, limitadas en su tamaño y medio de realización, para luego ser montadas de manera lineal en la pared o en pedestal, si eran tridimensionales. Además de estos espacios, la galería El Garaje les daba la oportunidad a artistas recién egresados de montar proyectos pequeños y vender sus obras, mientras aparecían también en escena propuestas independientes o espacios de exposición menos comerciales que, aunque valientes y arriesgadas, no brindaban el contexto apropiado y profesional que ameritaban muchas de las obras exhibidas. Sin embargo, el panorama y la atención, hasta entonces desoladores para los recién iniciados, se volcaron de manera sorpresiva hacia ellos. Artecámara, que en sus tres primeras versiones planteó, más que una curaduría, una selección por expertos y profesionales reconocidos en el medio, empezó a romper, poco a poco y de manera progresiva, con esos moldes y límites.

Alentados por el interés que generaba esta exhibición y conscientes de la responsabilidad con los jóvenes artistas, expuestos a la mirada de expertos, críticos y público, y a la vez, inmersos en las dificultades de reflexionar, de manera intuitiva y temerosa, sus procesos y su cuerpo de trabajo, decidieron darle una mayor relevancia al programa, otorgándole un carácter de rigurosidad profesional. Ese giro se daría de manera definitiva en 2008, con la designación de María Iovino, investigadora y curadora de arte contemporáneo, como la cabeza artística del proyecto. “Mi propuesta había sido convertir esta curaduría en una investigación, en la que a lo largo de un año se pulían y acababan con mayor profesionalismo, para su excelsa presentación, trabajos que en su gran mayoría eran tesis de pregrado o de maestría”, dice Iovino, quien, además de realizar el proceso de selección, fruto de una convocatoria y de su investigación personal, entablaba un diálogo continuo, que incluso con muchos aún perdura, sobre los hallazgos, propuestas, procesos y divagaciones de cada uno. Para ella, que conduciría la curaduría hasta 2010, el reto estaba también en pensar las propuestas en relación con el espacio, los momentos y las especificidades propias de cada obra. “Fue un proyecto muy motivante y constructivo, en el que trabajábamos con la misma fuerza en las obras y en la articulación que tendrían en el espacio, como también en la arquitectura y en la iluminación que las acunaría”.

Estos cambios, que en principio se vivieron en esta seccición de la feria, empezando por desnudar el piso de concreto, poco a poco también se implementaron en la red de salas de exposición de la Cámara de Comercio, que, recuerda Iovino, no tenía prestigio en ese momento. “Lo comenzó a ganar con el trabajo múltiple que se hizo para la feria y para Artecámara. Yo hacía programaciones para estas salas durante el tiempo de feria y en varios meses del año, tratando siempre de que la conversación entre unos espacios y otros le otorgara un nivel cultural significativo al trabajo de la Cámara. Insistía en que la feria sería una cuestión arbitraria e incompleta mientras la institución que la hacía no tuviera una musculatura en el campo de la cultura. Todo estaba empezando y trabajábamos mucho para que rápidamente ganara un nivel importante”. 

Y así fue. Artecámara, dentro y fuera de la feria, se fue consolidando como modelo, a pesar de las dificultades y críticas, hasta convertirse en uno de los escenarios más dinámicos y rigurosos del circuito nacional. En sus salas de exhibición se han programado decenas de muestras resultado de la investigación de curadores activos, como Guillermo Vanegas, el equipo Transhistoria, Silvia Suárez, Érika Martínez o Paula Silva, entre otros, quienes han tenido allí un espacio para mostrar su trabajo, además de la tarea de Franklin Aguirre como tutor de artistas de las localidades del sur de Bogotá. A su vez, el evento se convirtió, junto al programa Nuevos Nombres del Banco de la República, en el referente principal de las propuestas jóvenes inéditas y en uno de los pocos espacios que, como lo confirma María Roldán, una de las seleccionadas de este año, permite llevar a cabo trabajos arriesgados, como instalaciones de gran formato, que no tendrían cabida en otros espacios y programas de este tipo. 

Entre los artistas que comenzaron su trayectoria en este ambicioso programa están Miler Lagos, Juan Pablo Echeverri, María Fernanda Plata, María José Arjona, Ícaro Zorbar, Camila Echeverría y Natalia Castañeda, en los primeros años, y luego, entre muchos otros que siguen activos, Daniel Santiago Salguero, Adriana Salazar, Angélica Teuta, Camilo Leyva, Camilo Bojacá o Manuel Calderón, que fueron creciendo al lado de Iovino. La gran mayoría de estos artistas se han insertado en el circuito, pertenecen a galerías comerciales importantes y son invitados a eventos artísticos en diferentes lugares del mundo.

La consolidación del proyecto

Una vez hecho el relevo de Iovino y con la llegada de María Paz Gaviria, historiadora del arte y coleccionista, a la dirección de la feria, Artecámara continuó el modelo curatorial e investigativo avanzado previamente, pero les dio la oportunidad a otros curadores de aportar a la discusión y de encontrar nuevas miradas sobre ese amplio panorama del arte joven en Colombia. Además, para marcar claramente las diferencias con la sección Principal, se incluyó como requisito para los participantes que no estuvieran aún representados oficialmente por ninguna galería comercial. 

En 2011, el encargado de la selección sería Santiago Rueda, con una propuesta de tono irreverente ligada a sus búsquedas investigativas, que recuerda los inicios del movimiento punk de finales de los años ochenta en Colombia. Obras que tocaban el tema de las drogas en el país; una cola peluda gigante y en primer plano, en contraposición a otras más seductoras, hechas en delicados hilos o con un sutil trazo de dibujo, le daban la bienvenida al visitante. Escribía Rueda en su texto curatorial: “El escepticismo ante el medio del arte y sus dinámicas, la parodia a la excesiva teorización del arte contemporáneo y la reflexión sobre el lugar del artista, su mediatización, el exhibicionismo al que se le somete y su mercantilización son otros de los temas que tratan los jóvenes artistas, quienes no tragan entero y saben que, siguiendo a Baudelaire, ‘el arte no debe gustar en el sentido tradicional: debe criticar, sorprender, conmocionar, incordiar, iluminar, sacudir, incomodar. En suma: disgustar’”. En esa ocasión se podían ver trabajos de Belén Cantoni, Andrés Londoño, Jaime Ávila (invitado directamente) o Daniel Castellanos, entre otros. 

El turno en 2012 sería para Conrado Uribe, quien planteó la idea de trabajar sobre tres ejes temáticos: Ficciones y genealogías, Políticas poéticas y Desilusión y reencantamiento. Uribe cuenta que “desde la perspectiva curatorial es el espacio. Estar, habitar y comprender el espacio es definitivo para un proyecto expositivo. Una cosa es trabajar en el plano, en los renders o en las ideas, y otra muy diferente es llegar y conocer (quizá reconocer en algunos casos) el lugar. Hay que estar dispuestos y abiertos a que se presenten alteraciones (muchas veces serias) como resultado de habitar el espacio expositivo. Se debe negociar tanto con las necesidades de las obras y proyectos artísticos como con las características del espacio”. En ese año vale la pena recordar que la convocatoria se pudo hacer a través de internet, lo cual generó un aumento del 300 % en el número de candidatos, volviendo el certamen de selección más democrático pero a la vez, más complejo para el curador. Se pasó de 220 propuestas aproximadamente a 700. Allí expusieron artistas como Santiago Reyes Villaveces, Alexandra McCormick, Mariana Murcia, Ricardo Muñoz Izquierdo, César del Valle, Fredy Alzate o Gabriel Botero. 

La desilusión de la certeza o la ilusión de la incertidumbre sería el título que le daría Juan Sebastián Ramírez a la versión de 2013. Él justificaba la factura rústica, pobre (en el buen sentido), quizá sin artilugios, del grueso de las obras, de la siguiente manera: “En el arte —y en particular en la producción joven— existen lugares frágiles, que son esas pequeñas brechas con predisposición a romperse bajo determinadas condiciones”. Mostraron en ese momento, y por primera vez, nombres como el de Néstor Gutiérrez, Adriana Martínez, Juan Peláez, Andrés Matías Pinilla, el Colectivo Maski o Camila Botero, quien ganó el Premio Prodigy Beca Flora, otorgado a uno de los artistas de la sección.

“El primer reto fue trabajar exclusivamente con los artistas que se inscribieron y no invitar a ninguno fuera de ellos. Sin embargo, lo más difícil fue encontrar unos potenciales ámbitos de proximidad entre artistas enteramente heterogéneos y plantear una cierta narrativa en diferentes direcciones, dependiendo de la puerta por la cual accedieran los espectadores a la exhibición”, dice Jaime Cerón, quien asumiría la curaduría del año pasado (2014) que, además, tendría una novedad: la inclusión de espacios autogestionados. Para la ocasión, Cerón partió de la idea de entropía y convirtió su definición en el punto de partida de esas dos entradas a la exposición y las cuales confluían en un interés común a todos: los posibles hábitats para los seres humanos. Sobre las implicaciones de incluir espacios autogestionados dentro de la curaduría de Artecámara su respuesta es concreta: “Es un reconocimiento a la manera como los espacios independientes operan solidariamente frente a la actividad creativa de los artistas jóvenes en todo el país, lo que de hecho les permite mantenerse activos o les ofrece alternativas frente a los proyectos que promueve el Estado o los procesos que caracterizan al mercado”. Entre los seleccionados estaban Antonio Castles, Edwin Monsalve, Leonardo Ramos (Premio Prodigy Beca Flora en su segundo año), Laura Trujillo y espacios autogestionados como La Nocturna (de Cali) y La Mutante (de Bucaramanga).

Artecámara 2015

Finalmente, este año la propuesta recae en las manos de la barranquillera Mariángela Méndez, que decidió pensar en función de la materia, de lo que podemos tocar y ver como individuos, frente al mundo digital, de hologramas y datos. Se puede intuir, al ver el registro de las obras para el catálogo, que el grueso de los proyectos piensan el volumen, el espacio, las tres dimensiones y los materiales desde una mirada entre lo nostálgico del hacer y una imagen apocalíptica del futuro. En sus palabras: “Las obras oscilan entre lo etéreo y lo material, entre el espacio sideral y la tierra, entre el futuro y la nostalgia, entre la impotencia ante el apocalipsis y las promesas de un nuevo comienzo. En varias de las obras percibí un afán de materializar lo inmaterial que transita por el espacio virtual, pero también por buscar la manera de enriquecer el lenguaje virtual con las texturas de este mundo terrenal. Hay un vacío y por alguna razón las piedras son protagonistas, tal vez sean lo que nos permita anclar en algún origen la desmaterialización de la existencia frente a los códigos, pero también con las piedras construimos muros a nuestro alrededor”. Y agrega: “De alguna forma pensé que la exposición está acompañada por una banda sonora de rock espacial, como los primeros discos de Pink Floyd, y muchas de las obras tienen la estética de esas portadas, con espacio sideral, prismas, hombres en llamas, etcétera”. Laura Ceballos, una de las artistas participantes, relaciona su trabajo con la curaduría, diciendo que “la materia se está redefiniendo en una era digital, en la que el cuerpo parece haber perdido su peso”. Por su parte, Ernesto Soto, otro de los artistas que estarán presentes, da crédito al profesionalismo y reputación de la curadora, le augura éxitos a la muestra y añade: “También me atrevo a decir que este año la exposición parece reunir una cantidad considerable de pintores y de artistas interesados en aspectos formales, o al menos su proporción es mayor en comparación con la de años pasados”.  

Aunque Méndez reconoce que el papel primario que juega Artecámara en ARTBO es la posibilidad de que artistas emergentes atraigan la atención de galerías, coleccionistas y curadores, por su trabajo, también sabe que se ha convertido en un espacio competido de participación entre los artistas, gracias a la cantidad de atención que la feria recibe de medios y por la cantidad de público que la visita durante los cuatro días del evento: “Se trata, además, de un público variado, porque por alguna razón ARTBO atrae a muchos curiosos que normalmente no visitan exposiciones de arte, de entrada gratuita, y asisten a la concentración de obras que les ofrece la feria, aun si deben pagar la entrada”.

En total fueron 33 los artistas elegidos para mostrar sus obras y cuatro los espacios autogestionados (El Mentidero, La Quincena, El Parche y la Revista Matera), que implementarán en vivo y en directo sus actividades de gestión. Con respecto al proceso de selección, Mariángela Méndez confiesa lo difícil de hacer y tener que dejar por fuera a otros artistas que, por temas de reglas de juego y espacio, no pudieron ser incluidos, a pesar del nivel de su trabajo. El título, en parte, es una voz de aliento para ellos, para que más allá de la fugacidad de una convocatoria, sigan trabajando de manera obstinada: Nada será como antes, sigue brillando… 


Participantes 2015

Rafael Díaz (Bogotá, 1987)
En su trabajo ha explorado diferentes temas y técnicas, siendo el dibujo, la repetición y el tiempo una constante. Su obra se desarrolla en el espacio donde el lenguaje (oral o escrito) parece insuficiente y para eso se vale del dibujo como herramienta y como método para abrirle espacio al pensamiento. El tiempo en la obra de Rafael Díaz se convierte no solo en material de representación sino en la estructura de todo un cuerpo de trabajo que explora y revela la condición elástica de nuestra percepción del tiempo.

¿Qué ventajas o desventajas tiene para usted exponer en una muestra dentro de una feria de arte? 
Para mí es importante que las obras que hago sean vistas; una feria de arte tiene un público grande y eso implica que la obra va a ser vista por muchas personas distintas. Además, es bueno ver los diferentes tipos de obras en las secciones de la feria (sección principal, Artecámara, Proyectos, Referentes y Sitio) y hacer relaciones entre ellas.

¿Cómo se potencia su trabajo en Artecámara? 
Llevaba un tiempo con la idea de hacer esta obra, pero no la había logrado por cuestiones de espacio. Creo que va a ser importante verla en otra escala y relacionándose con las de otros artistas dentro de una curaduría.

¿Tiene algún referente colombiano cuyo trabajo haya visto por primera vez en Artecámara y que lo haya marcado?
Sí, recuerdo que fue en Artecámara la primera vez que vi una obra de Ícaro Zorbar, uno de los artistas colombianos que más me gustan.

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Ernesto Soto Madriñán (Bogotá, 1990)
Ernesto Soto Madriñán recientemente concluyó un pregrado en Artes en la Universidad de los Andes, donde también es historiador del arte en formación. Actualmente considera la pintura un encauzamiento de las posibilidades visuales que los recursos plásticos ofrecen, puestos al servicio de un proceso empírico, que, por lo general, desemboca en la traducción de fenómenos y observaciones del paisaje.

¿Qué significa exponer en Artecámara?
Creo que este es uno de los espacios que hoy en día proporcionan mayor visibilidad a la obra de los artistas emergentes colombianos. Durante esa semana viene un público de diversos lugares a la expectativa de ver qué está surgiendo en una feria que se ha posicionado como un exponente del mercado latinoamericano contemporáneo. Más allá de que Artecámara pertenezca a una feria, por ende comercial, le tengo esperanzas al recorrido curatorial propuesto y que lo pone al margen de la dinámica especulativa del evento principal que es ARTBO.

¿Cómo describiría su obra?
En su proceso, es una pintura hecha en una lámina rígida de gran formato cubierta a mano por una acumulación de capas blancas y muy delgadas de imprimante o gesso. Cada revestimiento ha sido lijado de manera sistemática hasta dejar el soporte brillante y plano. Por entre las capas más superficiales se superponen veladuras de colores tenues aplicadas en acuarela por toda la superficie. El producto es un monocromo paradójicamente dinámico que consigue el aspecto de una atmósfera.

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Laura Ceballos (Bogotá, 1988)
Artista y profesora de la Universidad de los Andes. Maestra en Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, vive y trabaja en Bogotá. Su obra se enfoca en lo escultórico y la relación del cuerpo con su entorno. Le interesan las mutaciones y los cambios de la ciudad, su materialidad y la posibilidad de transformarla.

Ceballos trabaja fundamentalmente en el campo de la escultura. Su obra se desarrolla a partir del reconocimiento de la ciudad y la resignificación de los objetos que integran el circuito urbano. Desde sus inicios, la artista se ha interesado en el uso de materiales industriales y en la intervención del espacio público, a partir de acciones que alteran la percepción habitual de los transeúntes.

¿Qué expectativas tiene de Artecámara?
Tal vez me imagino personas mirando con extrañeza e intriga mi obra. 

¿Qué vamos a ver en Artecámara? 
Dos piezas de la serie Masa sobre volumen. Una de ellas es la recolección de muchos pedazos de asfalto que he recogido por las calles de Bogotá y que derrito y compacto para hacer una nueva masa terrosa. La otra son esferas de vidrio que en su interior tienen superficies que evocan otros planetas y cuestionan la atracción de la gravedad. 

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María Roldán (Bogotá, 1987)
Estudió Artes Plásticas en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y en la Universidad de Barcelona, y actualmente realiza el Master of Glass Art and Science en Lisboa. Su trabajo parte del dibujo, de técnicas gráficas y de la posibilidad de la expansión en el espacio de estos lenguajes. Dicho proceso ha producido, en consecuencia, una serie de obras y proyectos influenciados por conceptos como línea, paisaje y transparencia. Generalmente, los trabajos realizados y en proceso implican la utilización de textiles, mallas y materiales que permitan ser perforados con la intención de plantear nuevas transparencias en el espacio.

¿Cuál es su propuesta en Artecámara? 
Se llama Muro de la vergüenza y es un muro de contención “relleno” de piedras de río y piedras sopladas en vidrio. Pareciera que la fragilidad y el vacío de las piedras perdieron su solidez. Cada una se hace a partir de un solo soplo dentro de un molde, que le da un tamaño a cada piedra. Por otro lado, están la rigidez y la estabilidad de los gaviones metálicos. Al juntar estos elementos —el metal, la piedra y el vidrio—, se levanta un muro cargado de transparencias veladas: una inestable estabilidad, una ligereza pesada.

¿Qué trabajo o artista colega de este año le llama la atención o asocia a sus gustos? 
Llevo un par de años viviendo por fuera, un poco desconectada del trabajo de mis colegas. Lo que he visto es lo que internet me permite. Entre esas imágenes a la distancia me llaman la atención los trabajos de Sara Milkes, Linda Pongutá, Laura Ceballos, Diego Hernández, Rafael Andrés Díaz y Jeison Sierra.


Curadores

Maria Iovino (Artecámara 2008 - 2010)
Es investigadora, crítica de arte y curadora independiente de arte contemporáneo enfocada en el campo de la creación joven de América Latina. Ha sido profesora de Historia del Arte en diversas universidades, y ha estado a cargo de la dirección de programas académicos en la Universidad de los Andes (Colombia) y en la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), así como en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Ha sido responsable de varias investigaciones y curadurías sobre arte contemporáneo colombiano y latinoamericano publicadas y apoyadas por la Cámara de Comercio de Bogotá entre 2005 y 2010. Iovino es miembro del comité asesor de la Cisneros Fontanals Art Foundation.

Santiago Rueda (Artecámara 2011)
Crítico y curador de arte colombiano. Es maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios en Diseño y Arte de la Universidad de Westminster, Londres (Reino Unido) y doctor en Teoría, Historia y Crítica de las Artes de la Universidad de Barcelona. Es autor de los libros Hiper/Ultra/Neo/Post: Miguel Ángel Rojas, 30 años de arte en Colombia y Una línea de polvo: Arte y drogas en Colombia, ganadores de los premios de Ensayo de Arte en Colombia del IDCT y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño en 2004. En 2006 ganó el Premio Nacional de Crítica del Ministerio de Cultura – Universidad de los Andes por el ensayo sobre Arte contemporáneo en Colombia, Olor de Santidad.

Conrado Uribe (Artecámara 2012)
Comisario e investigador, magíster en Historia del Arte (Universidad de Antioquia, Colombia), trabaja con Screen Projects desde 2012. Ha sido curador de la sección Artecámara en la feria de arte ArtBo 2012, y curador jefe del Museo de Antioquia entre 2008 y 2011. Como profesional busca desarrollar prácticas horizontales y dialógicas con artistas, instituciones y público, centrándose en iniciativas con relevancia y capacidad de resonancia en los contextos locales, sin olvidar las demandas globales contemporáneas. 

Juan Sebastián Ramírez (Artecámara 2013)
Fue curador asociado en el Museo La Tertulia de Cali. Ha sido director de la Galería R&M en Cali, curador y coordinador de residencias en Wysing Arts Centre en Cambridge (Reino Unido) y cofundador con Beatriz López y Pablo León de la Barra del proyecto independiente 24/7 en Londres (Reino Unido). En el último año curó, junto a Érika Flórez, los 14 Salones Regionales de Artistas (zona Pacífico) y editó los libros de crítica Víctor Albarracín: El tratamiento de las contradicciones y Ojotravieso. Este año abrió un nuevo espacio en la ciudad de Cali, llamado (bis) oficina de proyectos, dedicado a mostrar trabajos de artistas colombianos. 

Jaime Cerón (Artecámara 2014)
Actualmente es el curador de la Fundación Misol para las Artes. Es egresado de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia y allí mismo cursó la maestría en Historia y Teoría del Arte. Su trabajo se ha centrado en cinco frentes: la docencia, la crítica, la curaduría, la investigación teórica y la gestión cultural, que ha desarrollado simultáneamente de forma continua desde 1994 hasta el presente. En 1997 y 2007 fue gerente de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, y desde octubre de 2010 hasta julio de 2014 fue asesor de artes visuales del Ministerio de Cultura.


Los espacios de la feria

/ Un panorama

La primera sección Principal de ARTBO se inauguró con 29 galerías que en su mayoría eran locales, y tan solo contaba con siete países invitados. Para esta edición habrá 69 galerías provenientes de 19 países, entre los cuales Guatemala y Uruguay estarán por primera vez con Proyectos Ultravioleta, de Ciudad de Guatemala, y Galería de las Misiones, de Montevideo. Países como Argentina, Brasil, Colombia, España, Estados Unidos y Perú son los que más tendrán representación.

Uno de los objetivos principales de esta feria ha sido crecer internacionalmente e impulsar el mercado del arte en Colombia. En ese sentido, ARTBO ha logrado un crecimiento sustancial. Carlos Hurtado, de la galería Nueveochenta, dice que se trata de un referente en el continente: “Aunque las catalogaciones son complicadas, estoy seguro de que esta es una de las ferias en las que más crece su mercado año tras año y de las que mayor dinamismo genera en la región”. Y agrega: “Es importante señalar el crecimiento del público con el paso del tiempo y, así mismo, el desarrollo de un mercado local que hace una década era muy tímido para empezar a adquirir obras y que hoy es más dinámico y creciente”. En esta sección, el público no se encontrará con una sala de exposición, sino con un espacio para que las galerías puedan exhibirles las obras de sus artistas a nuevos coleccionistas, curadores y otros posibles compradores. Catalina Casas, de la galería Casas Riegner, tercia: “Lo bueno de la feria y de esta época es que vuelve y le prende el chip a la gente para pensar en arte. De hecho, lo más importante que tiene es la reactivación del mercado local”. 

ArtBo no solo ha ganado un reconocimiento internacional por su trayectoria, sino también porque con el tiempo se volvió más selectiva. En cuanto al número de galerías, el crecimiento no es tan significativo como su desarrollo en contenidos, tal como lo explica Catalina Casas: “Ha hecho una gran labor en mantener un tamaño interesante. No ha crecido en volumen, pero sí en calidad”. Y es que la feria se dedica a seguir el ritmo actual del arte en el mundo, que se ve reflejado desde la distribución de los stands, el montaje de las obras y en la trayectoria de los artistas invitados. Para esta sección, existe un comité de selección, que cada año decide cuáles serán las galerías participantes, teniendo en cuenta la propuesta para la feria, la trayectoria de cada una y la de sus artistas. En esta décima primera edición, los designados para esa labor fueron los mismos del año pasado, solo que se sumó Beatriz López, de Instituto de Visión (Bogotá). López dice que es una gran oportunidad trabajar en casa: “Somos una galería local con espíritu colombiano, comprometida con nuestra escena. Siempre intentamos mostrar aquí la calidad de nuestros artistas, y en esa medida ArtBo y los eventos que ocurren alrededor son el mejor escenario”.

Algunas de la galerías de talla mundial que participarán este año son Galerie Barbara Thumm, de Berlín; Luciana Brito Galeria y Nara Roesler de São Paulo; Henrique Faría, de Buenos Aires; y Josée Bienvenu, de Nueva York. Hoy en día, esta “es la feria de arte más importante del país y una de las más importantes del continente. Así pues, dejando de lado Art Basel (Miami), la feria que se desarrolla en octubre en Bogotá es una de las dos más importantes de la región”, comenta Mauricio Gómez, de Doce Cero Cero. Además de estas galerías, el comité incluyó algunas emergentes y de vanguardia para ofrecer una muestra con nuevos aires, como Johannes Vogt, de Nueva York; Document Art, de Buenos Aires; Jaqueline Martins, de São Paulo, entre otras. Esta es una oportunidad también para que los que están empezando sean reconocidos en la escena. “Uno de los objetivos es posicionarme como un espacio fresco con propuestas novedosas y con gran proyección internacional. Me interesa dar visibilidad a mis artistas y ayudarlos a crecer”, dice Liz Caballero, de la galería bogotana Sketch. Respecto a estar en su ciudad, añadió: “Trabajar localmente te da flexibilidad, tienes mucha ayuda y apoyo, no debes desplazarte y esto te ahorra energía y recursos”.

La sección Principal de ARTBO es un espacio de comercialización del arte, dedicado a que las galerías participantes puedan crecer y a que los coleccionistas descubran una nueva oferta. “Hablando como coleccionista (que gracias a la divina providencia sigo siéndolo), puedo decir que los interesados en adquirir arte encuentran en ArtBo una muy variada oferta de muy buena calidad que se debe aprovechar en los cuatro días que dura este evento”, dice Mauricio Gómez. Esta feria también es promotora de la escena del arte en Colombia. Carlos Hurtado la describe como “una fiesta que convoca a la gente del arte desde muchas aproximaciones e intereses, y eso es extraordinario porque logra la movilización masiva del público y durante cuatro días lo pone a conversar, debatir y aproximarse al interesante trabajo de nuestros artistas plásticos”. 

Proyectos: figura y fondo

Este año, en la sección Proyectos, Manuela Moscoso le propuso a Catalina Lozano tener como punto de partida una relación entre figura y fondo, una dicotomía que se convierte en el inicio de la curaduría. Luego, iniciarían una búsqueda entre los artistas representados por las galerías de la sección Principal de ArtBo y algunos que ya ellas, por su propia cuenta, tenían en mente. De esa manera irían nutriendo esa idea inicial hasta encontrar puntos de cruce y relaciones que dispararan sus reflexiones investigativas: “Creo que el planteamiento vino primero, pero al ir trabajando en la selección, lo hemos ido complejizando y enriqueciendo, definiendo y formando. Creo que ese es el trabajo curatorial”, sostiene Lozano.

En esta sección participan 15 artistas contemporáneos cuyos trabajos fueron pertinentes con la idea curatorial. Entre ellos están Caroline Achaintre (de Arcade), Ana María Millán (de Instituto de Visión) y Falke Pisano (de Ellen de Bruijne Projects). En Proyectos, el público se encontrará con obras que pueden ser vistas como una ruptura entre lo general y lo específico, el todo y el fragmento. Catalina Lozano lo piensa como “un paradigma que corresponde al nacimiento de la perspectiva lineal en la pintura occidental del Renacimiento. La intención es desdoblarlo y utilizarlo, no como un tema, sino como una metodología y una forma de entender críticamente la relación dialéctica que puede existir entre el fondo y la figura; de forma literal, pero también entre el individuo y el contexto, entre la parte y el todo, entre lo singular y lo general. Esto termina envolviendo perspectivas estéticas, pero también metodológicas, historiográficas, sociológicas...”.

La colombiana Catalina Lozano fue una de las curadoras de Present Future, Artissima, Turín (2014), y parte del equipo artístico de la 8ª Bienal de Berlín, y la colombo-ecuatoriana Manuela Moscoso, curadora adjunta de la 12ª Bienal de Cuenca 2014, curadora de la Bienal de Queens 2012 y de exposiciones y proyectos artísticos en España, Brasil, Argentina, Bélgica y Líbano. Ninguna de las dos reside actualmente en Colombia, y ser las curadoras de este proyecto es un reencuentro con sus orígenes desde lo profesional. “Para mí es una oportunidad interesante de trabajar en Colombia, algo que he querido hacer desde hace tiempo. Salí del país a los 23 años y mi vida profesional se ha desarrollado por fuera, pero obviamente tengo un vínculo intelectual y emocional con Colombia por lo que me emociona trabajar en este contexto”, asegura Lozano. 

Este espacio les permitirá a los espectadores comparar o asemejar la lectura que diferentes artistas tienen sobre esta propuesta curatorial. A la vez, es una oportunidad de ver trabajos más ambiciosos de los participantes, que serían imposibles de ver en la sección Principal. Aclara, sin embargo, que el espectador no va a encontrar una ilustración evidente de esta idea con la que quede fácilmente satisfecho. Hay más bien que entender esta propuesta como una forma de lectura de ciertas prácticas contemporáneas, así como una forma de relacionarlas, y añade: “En este sentido, el trabajo curatorial se plantea siempre a varios niveles y en varios sentidos a la vez. Y concordando con Catalina, específicamente para Artbo, el planteamiento conceptual que proponemos será abordado desde diferentes perspectivas, alejándonos así del arte como una ilustración de ideas teóricas”.

Referentes: los indispensables

Este es el segundo año de Referentes, un espacio para rendir homenaje a los artistas que han influenciado a jóvenes y han marcado la historia del arte contemporáneo por sus procesos y obras. Las galerías de la sección Principal eligieron las piezas de esta muestra, que también están a la venta. La intención en el trabajo curatorial de Ana María Lozano es mostrar artistas pioneros en la proposición de temas o formatos, que abordaron por primera vez el uso de la palabra, se hicieron preguntas sobre género o reflexionaron en torno a la memoria.

En ese ejercicio de hacer una nueva estructura de la historia, poco desarrollada en nuestro continente, Lozano eligió obras que se produjeron en su mayoría entre 1920 y 1980 de artistas locales e internacionales. El año pasado, los curadores Carolina Ponce de León y Santiago Rueda eligieron su marco histórico entre 1940 y 1970. Referentes se convierte en el contexto histórico de ArtBo y permite que el público amplíe su mirada sobre los artistas y obras que aparecen en el resto de las secciones de la feria. Este espacio es una lectura de la historia del arte contemporáneo a través de algunos artistas que hacen parte de la sección Principal de la feria, y se convierte en una búsqueda de las manifestaciones, discursos y actitudes comunes entre una serie de obras. 

Ana María Lozano es curadora, investigadora y docente, maestra en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia y en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Entre sus intereses de investigación se cuentan la práctica curatorial y las prácticas artísticas contemporáneas; el museo y la historia del arte; el discurso antrópico y la historia del arte. Entre sus proyectos curatoriales más recientes están la participación como curadora satélite de Contraexpediciones en el Museo de Antioquia (2014); la curaduría de Fronteras franqueadas: diálogos entre arte y arquitectura, realizada en la Galería Asab (2014) y Bosque intervenido, la visión del bosque, en el Jardín Botánico (2014).

Sitio: una feria viva

Continuando con la ampliación de la oferta de las galerías, este año la feria se la juega con una nueva sección, dedicada a obras no convencionales, planeadas para realizarse en algún sitio específico o que trascurran en vivo y en directo durante el evento.

Esta iniciativa pretende empezar a otorgar un espacio en el mercado del arte a propuestas que no son necesariamente piezas para colgar en una pared o para ocupar de manera tradicional un espacio. Por el contrario, el llamado es para que los coleccionistas también se arriesguen a adquirir o subvencionar obras de carácter efímero, que rompan las barreras entre las distintas técnicas y medios artísticos o que simplemente existan en el tiempo gracias a un registro audiovisual, sonoro o fotográfico.

Entre los formatos que entran en esta categoría están la instalación, el performance, las esculturas, videoproyecciones, arte sonoro, intervenciones arquitectónicas, happenings o acciones relacionales, y proyectos multimediales, entre otros. Las galerías también podrían producir obras in-situ.

Glosario

Instalación: El artista instala la obra en un espacio determinado transformándolo, ya sean espacios expositivos, urbanos o, incluso, naturales. Los elementos individuales dispuestos dentro de un espacio dado pueden verse como una obra única y muchas veces han sido diseñados para un espacio particular.

Performance: Espectáculo artístico representado en directo, ante un público, en el que se combinan distintas formas de expresión. El sujeto es el elemento constitutivo de la obra y sus principales características son la provocación, la espontaneidad y la improvisación.

Videoproyección: Forma de expresión artística que utiliza el lenguaje audiovisual ampliado sobre un espacio físico específico. Nace en los años sesenta y continúa vigente. A diferencia del cine arte, el video arte no cumple con las convenciones narrativas del cine.

Arte sonoro: Se ocupa frecuentemente de aspectos como la acústica, la electrónica, el noise, los medios de audio y la tecnología (tanto analógica como digital), el sonido encontrado o ambiente, la exploración del cuerpo humano, la escultura, la película o el video.

Intervenciones arquitectónicas: Consisten en la actuación para modificar un espacio público, sea urbano o natural. Se introducen objetos construidos específicamente para ese espacio, de manera que se establezca una relación entre el espacio y la intervención.

Happening: Consiste en una acción o performance que involucra al espectador, que deja de ser pasivo y se convierte en parte de la obra. Tiene también un componente de improvisación y sorpresa en el que los espectadores se ven enfrentados a una situación en vivo y fuera de lo común.

Acciones relacionales: La noción de “arte relacional” se refiere a obras que se focalizan en la esfera de las relaciones humanas y su contexto social. Las obras de arte relacional prestan especial atención a las interacciones que se pueden generar en el público-espectador-participante.

Proyectos multimediales: El término multimedia se utiliza para referirse a cualquier objeto o sistema que utiliza múltiples medios de expresión físicos o digitales para presentar o comunicar información. Los medios pueden ser variados, desde texto e imágenes, hasta animación, sonido, video, etcétera.

Obra in-situ: Se habla de una obra pensada para adaptarse y leerse dentro de un espacio específico. Al igual que las instalaciones o intervenciones, pretende cambiar o percibir el espacio de otra manera, adecuarlo a un concepto o idea del artista. Cuando estas se hacen en un espacio natural, toman el nombre de land-art.


Una educación radical

A la fecha, solo en Bogotá, la cantidad de facultades de Arte asciende a la decena y, sin ir muy lejos, en las ciudades intermedias del país, se cuentan otras diez, obviando academias y escuelas sin grado universitario, programas de educación continua o la formación personalizada maestro-alumno o incluso empírica en artes. La oferta es avasalladora. Ante este auge, artistas, curadores, historiadores, críticos, instituciones y demás actores del medio artístico no han sido ajenos y, por el contario, se han asociado de manera constante a todas esas facultades y programas, como una forma más de continuar su labor. Tampoco es un secreto que la misma educación y los procesos de enseñanza y aprendizaje sean el eje central de muchas propuestas artísticas de carácter individual o colectivo. Es el caso, por ejemplo, del artista bogotano Nicolás París, quien en una entrevista a propósito de su última exposición en una galería de Madrid defiende la idea de que “el arte, más que ser un intercambio de servicios y de objetos, es un intercambio de reflexiones. Un sistema de pensamiento en sí. No necesariamente un conocimiento que va a cambiar algo sino un conocimiento que nos va a permitir encontrar nuevas formas de estar juntos o de hacer las cosas”.

Por su parte, Franklin Aguirre, quien montó su propia Academia Abierta para las Artes en el barrio San Felipe y es el tutor de artistas empíricos o en formación del sur de Bogotá, precisamente mediante el programa Artecámara, ha venido utilizando sus conocimientos en arte, museografía, procesos sociales, docencia y diseño gráfico para integrar a sus estudiantes al circuito artístico y a las dinámicas actuales. También está el Colectivo Manila Santana, conformado por María Camila Sanjinés y Manel Quintana, que viene desarrollando actividades creativas en torno a las artes y la educación, o Paulo Licona, que desde su posición como docente de varias universidades creó el Salón Tollota y, la Escuelita del Mal. Luis Camnitzer resume este interés de la siguiente manera: “No me interesa la palabra arte, sino lo que se pueda hacer con la metodología. Y me importa más lograr una reforma educativa radical que incorpore esa metodología artística dentro de los procesos educativos que hacer obras que se expongan en un museo”.

En ese contexto y partiendo de unas primeras experiencias similares a las emprendidas por las áreas pedagógicas de los museos, ArtBo se inventó el programa Articularte, un espacio didáctico e interactivo para que niños, jóvenes y público en general se acerquen al mundo del arte. Una sección que, como muchas otras, se ha visto permeada por nuevas lógicas y propuestas, al punto de evolucionar año a año, crecer en calidad y ser más propositiva en su accionar. Por ello, desde 2011 empezó a invitar a artistas o colectivos, cuyo trabajo artístico esté ligado a la pedagogía, para que sean ellos, junto con algunos mediadores y voluntarios, los encargados de generar una mayor sensibilización del público hacia las prácticas artísticas contemporáneas, así como darles la oportunidad a los asistentes de participar de la feria creando su propio contenido e influyendo en procesos colectivos, ya no desde las prácticas pedagógicas convencionales sino haciendo uso de metodologías propias del arte.

El Colectivo Manila Santana, encargado de esta sección el año pasado, explica en un video cómo los visitantes se vuelven productores de contenido y le dan vida al arte a través de la interacción. Agrega que “las obras no son solo objetos que vienen y se cuelgan en una feria, sino que detrás de eso se está generando pensamiento”.

Este año, los elegidos para diseñar y llevar a cabo esa experiencia para el público son el colectivo Laagencia, fundado en junio de 2010 y actualmente conformado por Diego García, Santiago Pinyol, Mariana Murcia, Mónica Zamudio y Sebastián Cruz, quienes desde un inicio, más que ser un espacio independiente o un colectivo de trabajo, eran un grupo de estudio. Recién salidos de la universidad, les hacía falta la lectura, la reflexión sobre su práctica y el intercambio de información y conocimiento con sus pares. Así que decidieron, en cierta medida, no dejar de ser estudiantes: “Fue un espacio donde podíamos mantener y enriquecer el hábito de la lectura en torno a la Teoría del Arte y la Filosofía, y desde allí hacer preguntas que todos empezábamos a tener una vez nos encontramos fuera de la universidad, o en una situación que implicaba otra temporalidad; cada discusión que se daba por esas preguntas nos llevaba a una siguiente lectura, leímos en torno a la crítica institucional, la distribución de lo sensible, la posproducción, temas sobre el archivo, entre otras cosas”. A raíz de esa experiencia, el año pasado presentaron su propuesta al Ministerio de Cultura para realizar unos de los Salones Regionales de la zona centro, y se lo ganaron. Este consistía en instaurar, de nuevo, pero abierto al público, esas sesiones de estudio. Para ello plantearon todo un programa educativo, informal, similar al de una maestría en Artes, adonde van constantemente invitados y actores del medio artístico a compartir sus experiencias, plantear ejercicios y hacer talleres.

Colectivo Laagencia

Aunque todavía es muy temprano para sacar conclusiones, sí se dan cuenta de que ha sido un espacio ideal para generar pensamiento crítico, alimentar la sensibilidad pedagógica e insistir en la curiosidad y el encuentro como herramientas para articular un discurso propio. Ahora, para la edición número 11 de la feria tienen el reto de trasladar todo lo aprendido y ponerlo al servicio de una sección amigable, en la que el espectador podrá retar su manera de percibir y entender tanto las obras como el mundo. Aplicarán el modelo de invitación a pares a realizar actividades en cinco frentes o estaciones: Autopublicación, Arte sonoro, Arte con el mínimo, Arte y espacio y Ocio. La dificultad que enfrentan es que sus interlocutores ya no serán especialistas en arte sino un público diverso y, generalmente, ajeno a las prácticas contemporáneas. Allí toma relevancia una de sus posturas primigenias: “En este espacio puede pasar de todo pero no de cualquier manera”.


Libros como obras

Contra todos los pronósticos, en medio de un mar de publicaciones digitales y en un mundo que parece destinado a verse reflejado en una pantalla de celular, el papel, los libros, la madera y los materiales austeros han tomado especial relevancia dentro del medio artístico nacional. Prueba de ello son la cantidad de catálogos, revistas, libros de artista, postales, afiches, fanzines y obras múltiples que se editan constantemente. Todos parecen haber entendido que sin esas piezas físicas pareciera que la memoria de lo realizado desaparece. También, de manera acelerada, toda la producción gráfica, el mundo del cómic, la novela gráfica, la historieta y la ilustración se han volcado hacia el terreno editorial con obras que empiezan a derribar las fronteras entre el arte y el diseño.

En 1998, por ejemplo, Nicolás Consuegra junto a Margarita García, Nadia Moreno, Mónica Páez, Jorge Sarmiento y Luisa Ungar se inventaron la Revista Asterisco, un proyecto artístico editorial autogestionado, que concibe la labor editorial como una producción colectiva mediante la cual buscan cuestionar nociones tradicionales de reproductibilidad, acceso y difusión de la imagen. Luego, artistas como Andrés Bustamante (Frix) se obstinaron en editar sus propios dibujos dentro de pequeños fanzines y así mismo moverlos en ferias de publicaciones independientes. Por su lado, Andrea Triana, con la colaboración de Kevin Mancera, fundó Jardín Publicaciones, una editorial dedicada a producir libros de artista y pequeños facsímiles con la obra de artistas contemporáneos. Lo propio hizo Manuel Kalmanovitz con una revista multitemática llamada Matera y así sucesivamente. Editoriales como La Silueta, Caín Press, Laguna Libros, Nómada y otros voltearon su mirada hacia la producción artística e innovaron dentro de ese formato que es el libro. Nada, una librería ubicada en Cine Tonalá, así como otras pequeñas tiendas y librerías de barrio, recogen la mayoría de esos títulos. Lo mismo pretende hacer la feria con la sección Libro de Artista, inaugurada el año pasado para celebrar los diez años de la feria, donde el público podrá encontrar un compendio de todas esas producciones, que han asumido riesgos en sus formatos, les han dado vital importancia a las tipografías que se utilizan, a la calidad de la impresión, a los acabados y a la encuadernación.

En gran medida, esa vuelta al oficio tradicional del editor, el gusto por las texturas del papel, la sensibilidad por las tintas y demás materiales justifican que se publiquen estas ediciones. “Nos gusta que cada libro tenga su detalle y en cada publicación nos inventamos algo nuevo. Por ejemplo, cuando hicimos el fanzine Hogar dulce hogar, no sabíamos que el pergamino que usamos en la carátula no absorbía la tinta”, explicaba Andrea Triana para un reportaje que hizo este mismo medio sobre el auge de las editoriales independientes en el país. Siete de estos sellos están reunidos bajo el ala de la distribuidora La Diligencia, que busca concentrar la operación comercial de estas editoriales, con un centenar de títulos disponibles en el mercado. ARTBO, además, hace énfasis en que estas publicaciones son en sí propuestas artísticas pensadas como obras de arte, de carácter múltiple y bajo la autoría de artistas interesados en el lenguaje, el dibujo y los experimentos con la gráfica.

Esta sección, al igual que Articularte y todo el espacio general de la feria, supone unos retos arquitectónicos enormes, que Antonio Yemail, fundador de Oficina Informal y uno de los arquitectos escogidos el año pasado para trabajar en la arquitectura efímera y el mobiliario de la feria, resume de la siguiente manera: “Este trabajo parte de dos premisas opuestas: el tiempo, que es muy corto, y la ocupación, ya que se trata de un área inmensa que hay que rellenar de forma limpia y eficaz”. Cuenta que se inauguró una tradición de comisionarles a esos arquitectos con una práctica propia y autónoma que dialogue con el creciente interés de artistas en usar las herramientas y formas de diseñadores y arquitectos. También comenta que fue clave asociarse con Tangrama, que ya tenía unas directrices gráficas claras que ayudaban en el proceso. 


Pensar el arte

Este espacio está dedicado a la discusión de temas relacionados con el arte contemporáneo. Foro se ha convertido en una sección coordinada y curada por un reconocido curador de arte, con el objetivo de darle un enfoque y una temática específica cada año, que además permita que importantes personalidades del mundo del arte, como curadores, coleccionistas, académicos, artistas y directores de museos e instituciones, entre otros, asistan y participen de sus discusiones.

Este año, Foro será curado por el colombiano José Roca, actualmente director artístico de Flora ars+natura, un espacio de creación contemporánea en Bogotá. Fue el director artístico de Philagrafika 2010, un evento trienal de gráfica contemporánea en Filadelfia (2010), y curador general de la 8a Bienal de Arte de Mercosur, en Porto Alegre, Brasil (2011).